Sonia Enríquez

Dramaturga, actriz, directora, maestra e investigadora. Estudia en el Colegio de Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de 1974 a 1978. Maestra de Arte Dramático en el IMSS (1989-2007).


En 1982 escribe su primera obra de teatro: Doña Pesadilla, tragicomedia guiñol en rock (inédita), obteniendo 2º. Lugar (mención) en el Premio Nacional de Bellas Artes, del mismo año. Entre sus obras teatrales más importantes se encuentran: Cinco Conejo o el Nacimiento de Tepoztécatl, La Mascarada, María Epifania,, El Caminante y la Mujer Dormida.


Desde el 2005 funda y dirige el Ciclo del Taller – Festival de Dramaturgos Comunitarios Mexicanos en el Oriente del Estado de México, el cual ha impartido hasta la fecha; asesorando y promoviendo 90 obras terminadas. En él ha participado eventualmente como directora de los grupos “De Volada” y “Actores con Autor”. En abril de 2010 publica su artículo: Seis Ciclos de la Dramaturgia Comunitaria Mexicana, en Latin American Theatre Review, Kansas University.


XXIX ENCUENTRO NACIONAL de los AMANTES del TEATRO 2017


SOBRE EL XXIX ENCUENTRO NACIONAL DE LOS AMANTES DEL TEATRO

por Sonia Enríquez

Sábado 7 de enero

México, entre el cielo y el infierno

Es una obra entretenida, pero le falta definición en el género. San Judas Tadeo (que bien merece tener su obra), hace las veces de LSan Pedro. En momentos parecería una pastorela, aunque sin adoración ni pesebre. Sin embargo, nos remite a los escenarios del teatro medieval: cielo, mundo e infierno, aunque la escenografía podría esmerarse más dando más perspectiva a sus pinturas.

El público recibió con agrado los albures que a veces nos recuerdan los scketchs del antiguo Burlesque.

El trazo escénico tiene momentos fallidos en los que los actores están apiñados en el amplio escenario del Teatro Julio Jiménez Rueda. Sin embargo, la dirección alcanza un momento de brillante composición.

Las actuaciones, todas, son esmeradas, con muchas ganas de estar en escena. Aunque algún participante podría distinguir la actuación de la mera exhibición.

Con todo, un trabajo de conjunto ameno y digno que se agradece por el entusiasmo de todos y cada uno de sus participantes.

¿Duermen los peces?

Un monólogo con una duración que podría reducirse tal vez, a 60 minutos y decir lo mismo, pues a veces el texto es reiterativo, pero profundo.

El inicio de la obra es excesivo, y decepciona el que en tanto tiempo la protagonista no interprete ninguna melodía cabal.

La actuación de Adriana es esmerada: Representa a dos niñas, a un hermanito y su mamá, más voces de varios niños. Trabajo nada fácil, aunque en ciertos momentos se pierde en los cambios. Pero realmente vale la pena que la directora y la actriz los pulan y continúen.

Un tópico importante: El cuerpo de un niño también expresa tristeza, aunque los cambios realizados por la actriz, se concentran sólo en la voz y no en el cuerpo, que también dice algo o mucho.Lo mejor de todo: la escenografía que desde el inicio nos atrapa. Y nos hace pensar en un grabado del maestro Gerardo Cantú (Vendedor de globos). Con pocos elementos muy bien aprovechados, la escenografía expresa mucho, ocupando distintos niveles; el color y la forma estupendamente cuidados. Aunque los grandes aretes rojos en una niña podrían sustituirse por otros más apropiados para el personaje. Este detalle se menciona porque desmerece un conjunto cuidado con esmero. Así como la bolsa de la niña que en 80 minutos, jamás ocupa.

Una sincera felicitación a quien diseñó tan estupenda escenografía. Y sería muy sano dar el justo crédito a quien lo merece.


Domingo 8 de enero

La batalla final

Un texto indefinido con tintes de pastorela. Los nombres de los ángeles y arcángeles no corresponden a su trayectoria ni al desarrollo de la historia.

La pastorela es una expresión teatral de fe y en México, es común acusar a “los malos” con Dios. De ahí que La batalla final aluda a los problemas sociales, políticos y económicos, cuyos “pastores” emprenden un viaje no en busca del pesebre, sino de una solución divina a las desgracias del México actual. Sin embargo, los personajes aparecen desdibujados, con excepción primeramente del glotón y la avara. No son precisamente pastores, tampoco personajes citadinos.

Los personajes resultan así, bastante indefinidos. Un ángel, sin atributos para serlo, es quien los guía y en algunos momentos, al actor le falla la memoria. La obra continuamente decae en su ritmo, Sin embargo, uno de los momentos más logrados sucede cuando los “pastores” o lo que sean, caminan por el bosque, entrando y saliendo por un telón.

Sería recomendable para el dramaturgo y director, revisar las pastorelas La noche más venturosa o el premio de la inocencia, de José Joaquín Fernández de Lizardi y, Pastores de la Ciudad, de Emilio Carballido y Luisa Josefina Hernández, por mencionar algunas. Un Taller de Voz y de Actuación, superaría el nivel del grupo que con todo, gratifica nuestro espíritu al ver reunidas 17 almas jóvenes en escena.

La calaca, nuestra señora del hueso

La escenografía es siempre atractiva: Un telón de fondo con el busto de la Catrina replicada de un grabado de Posada; algunas tumbas donde descansan el autor, Hugo Argüelles y el mismo José Guadalupe, entre otros.

En cuanto al texto, oscila entre lo solemne e irreverente, entre la necrofilia y la lujuria.

El vestuario es colorido. Sin embargo, los sombreros impiden ver “las ventanas del alma”, los ojos del actor. (Grave descuido del director.) Y de paso, se pierde la comunicación entre los actores que con este detalle, difícilmente pueden verse a los ojos.

La escena más lograda es, sin duda, la de la madre comiendo frijoles con sus dos hijos y el lujurioso busto momificado del difunto padre, vicioso más allá de la muerte. Los actores alcanzan un buen ritmo.

Una bella obra de Hugo Argüelles con un montaje digno que vale la pena pulir.

Un dios salvaje

Comedia de la autora francesa Yasmina Reza, que inspiró al director Roman Polanski el filme homónimo.

El espacio único, la sala de un matrimonio burgués. El color, el vestuario y la iluminación crean atinadamente la atmósfera.

Las actuaciones tienen ritmo, convencen y poseen buena expresión corporal, incluyendo una ebriedad bien llevada. Sin embargo, sería recomendable que Maryuri Demesa coloque su voz; valdría la pena porque ha logrado una buena creación de su personaje. En algunos momentos los esposos, ambos actores varones, pierden el personaje con ciertos requiebros.

Daila Salcedo que interpreta a Silvia Betancourt se distingue por la fuerza y calidad de su actuación de principio a fin.

La dirección ofrece un buen manejo de actores, así como el cuidado del trazo en general.

La historia muestra que el mundo burgués de los adultos, complicado y retorcido, tiene mucho que aprender del mundo de los niños, tan elemental, tan salvaje como sublime y divino.


SÁBADO 14 DE ENERO

¿Ninfómanas?

El texto es tan banal como aburrido y prescindible.

Las actuaciones de los tres participantes tienen energía. Aunque a veces se escuchan “recitados” los parlamentos de ambas actrices que se exceden en los movimientos de sus brazos, semejando una declamación escolar. Éste no es el caso de Erick Estrada, quien interpreta a Antonio, el taxista acosado por ambas hermanas, cuya actuación es más limpia.

La escenografía en color negro, se perdió con el fondo de la cámara negra en el Teatro Julio Jiménez Rueda.

Éste, no es un teatro para reflexionar. El grupo que es entusiasta y con todo, tiene posibilidades, merece un mejor texto.

Metro-Cita

Metro – Cita es un gran espectáculo profesional de pantomima, que el sábado 14 de enero engalanó el escenario del Teatro Julio Jiménez Rueda, en el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

La pantomima, cuya antigüedad se remonta quizá al Imperio Romano (con todo y leyenda del actor y mártir cristiano San Ginés), llega hasta el Siglo XXI como una forma de expresión en la cual el cuerpo, el gesto, sustituyen la palabra.

Por aquí en la Ciudad de México, a veces nos la topamos en algunos espectáculos marginales que ocupan calles, jardines y plazas.

Metro-Cita contiene una gama de breves historias. Su hilo conductor predominante, es el encuentro en el metro, con entradas y salidas de los personajes que miman la clásica rutina de la escalera eléctrica.

Sí, es un espectáculo de pantomima (teatro sin palabras), pero posee tintes de clown (vestuario colorido con calzado y utilería enormes), así como de Comedia del Arte por sus personajes tipos como la Mamacita y el General, entre otros.

Los cuatro mimos son sensibles, de movimientos tan depurados como plenos de energía. Brillante es la actuación de Ignacio Pineda quien interpreta al Ladrón, deleitándonos con su calidad estética; asimismo, destaca la sensibilidad de Yocelyn López en el papel del Marinero e Itzel Pérez, quien juega con cambios de ritmo y energía, como la Mamacita. En cuanto a Gabriel Hernández, su actuación tiene muy buen nivel. Sin embargo, valdría la pena que mantuviese palpitante su mano mientras sostiene una mariposa, aún viva, antes de aplastarla.

Entre las muchas historias presentadas, destaca la del padre duro de corazón y su pequeño hijo, amoroso e inocente. La breve historia es un ejemplo de la capacidad de síntesis de la pantomima, gracias a las magníficas interpretaciones de Ignacio Pineda y Jocelyn López.

El autor - director Alexander Minchenko con su amplia experiencia internacional, armoniza todas las piezas de la compañía Teatro No Verbal, digna heredera de la antigua pantomima romana y de San Ginés, patrono de mimos y actores.

Ópera Pánica

El Movimiento Pánico de los 60’ s, creado por Jodorowsky, Topor y Arrabal, llega hasta nuestros días, con la Ópera Pánica de Alejandro Jodorowsky, escenificada por la compañía Absit bajo la dirección de Guillermo D. González, el sábado 14 de enero en el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

Ópera sin música ni canciones; algunas de sus escenas son juegos de lógica, casi todas, de contradicciones.

Si el teatro pánico es heredero del teatro surrealista y del teatro de la crueldad, Ópera Pánica se distingue por la degradación física y moral que recae con todo su peso sobre los personajes femeninos. El hilo conductor de sus múltiples escenas, es la constante búsqueda de la insatisfacción humana.

A veces los actores de Absit se excedían en los movimientos de sus brazos, a manera de declamación escolar.

Aun así, el público en pleno del Teatro Julio Jiménez Rueda alcanzó la catarsis liberadora, ante la presencia del viejo personaje del Tío Sam, a cuyas víctimas se dirigía con la frase: “Duerme… Duerme.”


LUNES 16 DE ENERO

La Terapia de Miquiztli

Un consultorio de Psicología es el único escenario. Ahí acude la muerte en busca de ayuda profesional.

Miquiztli, la muerte de origen náhuatl, es representada no como un personaje prehispánico, sino como una conocidísima mestiza, la Catrina. La actriz Gabriela Ciprian, por la exageración de su voz y ademanes, más que muerte parece “vestida”. Aunque sus bailes lucen intencionalmente divertidos.

El actor y autor Adrián Escobar, interpreta el papel del psicólogo con voz engolada, superada a veces por la emoción y la buena expresión corporal.

Alejandra Dorantes como la Secretaria, cumplió con su papel.

La dirección de José Luis Mejía logra un buen ritmo en La Terapia de Miquiztli, obra de preocupaciones que en la vejez se enfatizan por el momento final.

Pedro y el Capitán

América Latina, represión y tortura, conforman el tema de esta obra en un acto de Mario Benedetti. El lugar, una sala de tortura; el país, podría ser cualquiera de América Latina.

Carlos Anaya en el papel del Capitán tiene una actuación en general plana, monorrítmica; su risa es monótona y por consiguiente, poco creíble. Aunque en algunos momentos logra entrar en el personaje.

En cuanto a Cristian Díaz quien interpreta a Pedro, su actuación es concentrada y sensible. Desafortunadamente en ocasiones no se entiende en absoluto el texto, por su pésima dicción que valdría la pena superarla.

Julio César Mancilla, el Militar, adolece de un vestuario acorde al personaje; entró a escena vestido de transeúnte defeño, carece visiblemente de ensayos y sobre todo, de entrenamiento; sus acciones de represor, tienen mucho de una mala improvisación. Con todas estas carencias, al “invadir la escena”, bajó el nivel alcanzado por los dos actores principales.

El vestuario de la esposa es descuidado, parece que “vende algo”; siendo un personaje imaginario, ausente en la lista de personajes y en el texto original, pero presente en las mentes de Pedro y del director, podría tener mejor efecto dando atención a la atmósfera y sobre todo, a la iluminación.

La dirección es inconstante, descuida actores, vestuarios y atmósferas, no atiende al volumen de las canciones que dejó inaudibles varios parlamentos. “Autogol” del director… Rompió así el ritmo logrado con Carlos Anaya y Cristian Díaz, dejando también la escena reiterada e inexplicablemente vacía. Un mal aprendido a, b, c de la dirección. (Y ya se inventaron los oscuros.)

Con todo hay tiempo, hay dedicación de Pedro Aguayo Chuck en el manejo de los dos actores principales. Sin embargo penosamente, le falta respeto a su propio trabajo, al público y a todo el equipo artístico del grupo Tragos por pequeño que le parezca (aunque nunca insignificante), el papel de los otros personajes.

Si el teatro fuera una mesa y el equipo técnico la platería, el día de ayer en el Teatro Jiménez Rueda, sin ver siquiera los cubiertos en el banquete del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro, Pedro Aguayo ''se fue a pie”.


SÁBADO 21 DE ENERO

Los monólogos de la ignominia

Collage conformado por monólogos de varios autores: Oscar Liera, Rosa Sánchez y Diana Álvarez. Faltan transiciones para pasar de un monólogo a otro. El hilo conductor, una sexualidad insana, a veces obsesiva, que a través de un conjunto de problemas y situaciones personales, refleja un problema social. El error personal y/o colectivo nunca llega a sublimarse. Por lo tanto, es preferible no imaginar que esta obra se presente ante un público de adolescentes.

Las voces de Andrea y Ana están colocadas en la garganta, impidiendo la posibilidad de matizar los textos. Tal no es el caso de Isis Andali y sin lugar a dudas, la mejor voz es la de la pequeña Emy; buena dicción, matiz, volumen adecuado que hace innecesario el uso del micrófono personal.

Un varal iluminaba una “calle” sin enfocar personaje ni objeto alguno. Sus constantes cambios de color, fueron una distracción, un sinsentido durante toda la función.

En ciertos momentos la puesta en escena ralla en una farsa no intencional. La dirección de Carlos Arturo Corona es simple y no va más allá.

Con todo, el conjunto artístico merece una buena clase de voz; expresa también un gran respeto por la escena, incluido su director. Y esto, se agradece.

Freak Show

Existe una línea muy delgada que separa un hecho risible de uno trágico. Algo así expresó el filósofo francés Bergson en su tratado intitulado: La Risa.

Freack Show nos recuerda esta reflexión.

Teatro de espectáculo circense donde los personajes se juegan la suerte, que sólo pende de un hilo, la voluntad del Presentador: omnipotente, omnipresente y omnisciente. Los malabares son las pasiones y maldiciones que pesan generación tras generación, con el sino fatal del amor.

La magia del Presentador, interpretado por Jazmín Hernández, con sus juegos delirantes de destino, marca la línea casi invisible, que separa lo trágico de lo risible.

Jazmín Salguero interpreta a Josefina con buen ritmo. Su voz resulta chillona, pero adecuada para este personaje. Sin embargo, seguramente podría colocarla y crecer como actriz. Al tener un error de dicción, improvisó estupendamente. El público lo notó y celebró la audacia de la actriz. Estos son los momentos de la actuación, de un goce único, pues los actores sólo pueden ofrecerlos al público durante una función de teatro.

En cuanto a Luis Ángel Flores que interpreta a Cecilio, en varios momentos su actuación es débil. Sin embargo, logra entrar en situación durante algunas escenas.

Estupenda la dirección de Luis Miguel Ángel Aparicio, quien supo mover sus piezas artísticas y técnicas, logrando un magnífico espectáculo en el que la muerte tiene belleza y color.

El público del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro se divirtió con esta bella obra. Merecidos fueron los aplausos para dos Jazmines y Flores.

Lisístrata’s House

Los clásicos universales nos alcanzan hasta nuestro México en este Siglo XXI y la Compañía Enlace Teatro presenta una “adaptación colectiva” de la Lisístrata de Aristófanes.

La improvisación fue un factor determinante para conformar esta versión del clásico griego que más que una adaptación, estructuró una paráfrasis. Sin embargo, pierden mucho tiempo en vanalidades y tardan mucho para entrar en la historia.

La producción cuidó cada uno de los elementos: vestuario y utilería. Asimismo la iluminación creó la atmósfera de nuestra actualidad, llegando a ser gratamente espectacular.

Las actuaciones tuvieron buen nivel y fueron muy parejas. Ninguna de las actrices se quedó atrás. Sin embargo, habría sido interesante ir más allá durante los bailes y remontarse quizá en ciertos momentos, a aquellas antiguas bacanales… Y por qué no, una corona de olivo en algún momento, podría adornar las sienes de estas cuatro mujeres.

Lisístrata’s House es un ejemplo de las muchas obras de jóvenes teatristas mexicanos, como una expresión de su hartazgo y un clamor por la paz.


DOMINGO 22 DE ENERO

La Sirenita

… Y si Odiseo “viviera”, jamás hablaría bien de las sirenas. A él le cantaron y lo dejaron todo atarantado.

Un problema en los créditos: Hans Cristian Andersen creó un cuento “infantil” con un final amargo: El príncipe se casa, pero no con la Sirenita, quien se inmola en aras de un amor frustrado. Más espiritual también el cuento original, pues la joven Sirenita una vez muerta, se sublima convirtiéndose en viento para ofrendar un suave beso a su amado.

Walt Disney, maestro en descomponer y desvirtuar los clásicos (Hércules es otro ejemplo), da un vendible Happy End.

Así Stage Company presentó una bella puesta en escena, inspirada en el filme norteamericano, el domingo 22 de enero, en el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

Desde el inicio la producción alcanzó una atmósfera espectacular, muy animada. Los actores, con una sola salvedad, son carismáticos, poseen buena expresión corporal y sobre todo, ritmo. Aunque éste se rompía con la actuación débil de Diego Cortés, quien en el papel de Tritón, nunca dio réplica a sus compañeros de escena. La actuación de Minah Cerviño como la protagonista, dejó lucir su entrenamiento en puntas de ballet clásico.

En el papel del Príncipe Erik, Lambda García se sostuvo a pesar de los gritos de sus fans que interrumpían la escena. Aun así, el actor improvisó hábilmente.

Las coreografías fueron sencillas, logrando una atmósfera festiva. El vestuario es magnífico con un único detalle: Se translucía un cordón en la cintura de la Sirenita. (Esto que pareciera trivial, es más notorio en una producción tan cuidada que por cierto, no da crédito al realizador del vestuario y, por obvias razones, tampoco a su diseñador.)

El momento climático perdió fuerza, pues “la voz” de la Sirenita es poco visible. Bien habría valido la pena enfatizar este momento con algunos elementos: cambio de atmósfera (luces, efectos sonoros) y sobre todo, una voz más vistosa, visible y teatral, dada su importancia en la trama y en la tradición primigenia.

La dirección a cargo de Alberto Ramos, coordinó acertadamente cada elemento artístico y técnico. Excepto el audio, pues a menudo entraba a destiempo y con un volumen estridente que dejó inaudibles algunos parlamentos. Falta de ensayo en el Teatro Julio Jiménez Rueda, entendible por los tiempos y compromisos de trabajo, pero que bien pudo solventarse con un buen libreto técnico y/o por supuesto, un asistente de dirección en cabina. Aunque según el programa de mano, no existe este imprescindible en el equipo técnico - artístico.

Felizmente, el Teatro Julio Jiménez Rueda, tuvo una gran, pero gran asistencia de un público tan jubiloso como satisfecho.

Por último, bien valdría la pena que este tipo de producciones comerciales con su gran potencial, vendiesen los clásicos originales en coordinación con las editoriales. Así ganaríamos todos: el productor, las editoriales, el público y sobre todo los niños. Siempre en aras de un mundo mejor.

Silencio… mimo en acción

Las historias presentadas por el mimo y director Carlos Valenzuela, aunque mantuvieron la atención del público, son finalmente intrascendentes.

La sinopsis del programa no se refiere al espectáculo en concreto, se excede, sí, en explicar el arte de la pantomima. Aunque en tal extensión, nunca alude a sus orígenes latinos.

El mimo posee energía. Sin embargo, extendía brazos y manos al frente, de manera repetitiva (¿Qué pasó?), como en las rutinas de payasos.

Tal vez el espectáculo podría superarse con un director y/o libretista, distinto.

Adiós

Como director, Aureliano Castillo León, presenta una pieza donde cualesquiera que sean los giros de los personajes, concluye una y otra vez con la separación de la pareja.

Adiós, posee una trama delirante, onírica y aunque pareciera repetitiva, mantuvo la atención de los espectadores. Esto gracias también a las actuaciones de Iván Mar como Él, de Adriana Cecilia Millán que interpreta a Ella y en el papel del Narrador, el mismo Aureliano Castillo.

El trío ofreció una buena función, el domingo 22 de enero, durante el XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

El Ornitorrinco

El autor Humberto Robles, expone una historia donde el proceso de tesis de la protagonista sobre el ornitorrinco, pasa inadvertido, pues carece de triunfos y tropiezos. En fin, a ella nunca le preocupa su investigación. De este modo, el autor no logra ligar la tesis íntimamente a la trama. En gran parte porque una especie “ovípara-mamífera” no simboliza atinadamente, la bisexualidad de los dos personajes varones a cuyos actores, por cierto, les faltan algunas horitas de gimnasio. Este detalle sí es importante en una puesta en escena cuyo vestuario, son los paños menores. No obstante, la actuación del amante de ambos, David, interpretado por Israel Ortiz, es ágil y con facilidad proyecta al público el género de la comedia.

Ana tiene pocos cambios, el personaje interpretado por Nixtehá Sosa, es el mismo desde el planteamiento hasta el final de la historia. (Y ella sí va al gym.)

Aun así, la directora Adriana Millán, logra una comedia divertida, con una resolución de conflicto más o menos previsible y cuyo vicio podría ser, el sentirse muy liberal y luego no aguantarse.


SÁBADO 28 DE ENERO

Abuelita de Batman

Juegos de lenguaje “a huevo” y la gran popularidad de Batman en una sociedad falta de héroes de verdad. (Y mejor ya no le seguimos.) Así se acrisola la frase: “Abuelita de Batman”.

Con ella, el dramaturgo Alejandro Licona intitula su comedia “anti-romántica”, donde los personajes tienen expectativas sublimes, románticas, para hundirse inevitablemente en la cruda realidad. Y en cada historia distinta, pero con un final común, todos terminan exclamando la tan popular expresión.

En el marco de varios Encuentros de los Amantes del Teatro, ahora en el XXIX, Abuelita de Batman se va convirtiendo en un clásico de las letras y la escena mexicanas.

Obediencia simulada

Tres personajes narradores: un pastor, un cazador y un cortesano. La misión de los dos primeros, fue acatar las órdenes reales: Asesinar a un príncipe heredero. Y la encomienda del tercero: Debió mantener al infante preso de por vida.

La trama es interesante, reflexiva. Su autor Mario Ficachi, eleva al rango de protagonistas a personajes secundarios de las obras clásicas originales. En el monólogo del Pastor inspirado en Edipo Rey de Sófocles, hay una mención somera a los dioses. Mas el hado y el oráculo desaparecen, ingredientes esenciales de la tragedia primigenia.

El segundo monólogo inspirado en Blanca Nieves y los siete enanos, tiene como protagonista a un Cazador, quien vive torturado por el asesinato de su familia.

Así Ficachi propone las fatales consecuencias del desacato, relatando cómo se vengó la reina. Sin embargo, deja a un lado un detalle muy importante: La reina es ante todo en el cuento original, una terrible bruja.

El tercer personaje, llamado el Noble, mantiene cautivo en una prisión de por vida al príncipe Segismundo, heredero al trono de Polonia. Inspirado en La vida es sueño, de don Pedro Calderón de la Barca, Ficachi suma un ingrediente: El Noble ha abusado sexualmente del infante.

En los tres monólogos, el autor de Obediencia simulada rompe con las atmósferas metafísicas de los tres clásicos originales: en el Pastor de Edipo Rey, omite la fuerza del hado que impera por encima de reyes y de los mismos dioses; en el Cazador de Blanca Nieves y los siete enanos, elimina la hechicería de la antagonista (la reina-bruja); en el Noble se pierde la fuerza del libre albedrío, concepto tridentino que esgrime el Teatro Barroco contra la creencia en la astrología. Así, estas tres atmósferas metafísicas son sustituidas por el asesinato, el secuestro y el abuso sexual de nuestro presente.

Un cuarto personaje, mezclado entre el público (y podría ser cualquiera), interpela levemente a los tres primeros, pero sobre todo se dirige a los espectadores, enfatizando un rotundo no contra la violencia del México en que vivimos.

La propuesta es interesante. No obstante pierde fuerza, pues entre los cuatro personajes no existe nunca tensión dramática, sólo cruzan algunas palabras, jamás debaten ni se confrontan. Por lo tanto, nunca alcanzan un clímax y de hecho, tampoco un desenlace.

En el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro, el sábado 28 de enero, la puesta en escena contó con buenas actuaciones, cerrando con broche de oro la participación de Eugenio Rubio, quien interpretó el cuarto y último monólogo, el del Joven.

Con todo, el director Sergio Cuéllar, expuso un buen trabajo en el manejo de los actores.

En cuanto a la iluminación, faltaron correctores para difuminar los contornos de los tres círculos de luz. Esta carencia se hizo notoria en casi todas las obras del XXIX Encuentro, pero en esta puesta en escena lo fue más, pues tres personajes se mantuvieron a lo largo de toda la obra, dentro de su respectivo círculo.

Obediencia simulada es, en realidad, la exposición de cuatro monólogos cuyos personajes no interactúan y su conexión es temática, pero no dramática.

Vicario, madre leona de la Patria

De San Miguel Allende, Guanajuato, el sábado 28 de enero la compañía el Tequio de San Miguel ofreció al público de la Ciudad de México, esta obra de corte histórico sobre una heroína de la Independencia: Leona Vicario.

La puesta en escena inicia con unas largas, pero muy largas penumbras, olvidando que lo más importante para ver en una escena de teatro, son los ojos del actor.

Con todo, la trama es interesante; presenta a la protagonista en distintas etapas de su vida, estigmatizada como luchadora social por ser mujer.

El autor y director Pablo Jaime presenta a otros personajes históricos como Andrés Quintana Roo.

Los actores son concentrados y en general, con buen ritmo. Ivette Pizarro que interpreta a la heroína en su etapa adulta, destaca por la concentración. Sin embargo, algunos como Monse Nute que interpreta a Leona Vicario joven, tiene reiteradas fallas de dicción.

En general, las voces de los actores están más cuidadas en su vocalización, en las canciones, que en la dicción de los diálogos teatrales.

El vestuario, sin créditos en el diseño ni en la realización, es magnífico.

No obstante, al director le faltó sacar mejor partido de su reparto. En varias ocasiones carece de teatralidad y sentido del espectáculo. En alguna canción los colocó a los actores en formación coral.

Se agradece sí, que durante el XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro se ofrezca una obra histórica, pues buena falta nos hace en un país desmemoriado. Sin embargo la Historia, la memoria, pueden ir de la mano del espectáculo, de la diversión y sobre todo, de la estética teatral.


DOMINGO 29 DE ENERO

Horror movie

Dos actores presentan una obra en la cual, las suertes y juegos, nos remiten más que a una obra de teatro, a un divertido espectáculo de payasos, pues así tienen colocadas las voces que exponen un texto prescindible.

Eduardo Pérez como Maxioxare y Nelsy Contreras en el papel de Casiopea, mantienen entretenido al público en un ambiente dinámico, con la participación entusiasta de los niños espectadores. Cuantiosos fueron el domingo 29 de enero en el XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro, tanto, que poco se atendía ya a las suertes y juegos de un buen espectáculo de payasos. El público adulto ponía más atención en que no se les cayera algún de niño, pues eran docenas en el escenario del Teatro Julio Jiménez Rueda. (Se la jugaron. Y afortunadamente, no pasó a mayores.)

Urge cambiar al mundo

El domingo 29 de enero la compañía Teatro Tlancualejo procedente de Irapuato, Guanajuato, ofreció en el Teatro Julio Jiménez Rueda una divertida obra ecológica.

La anécdota va de lo más cotidiano y común hasta escenas muy logradas de héroes y antihéroes, quienes luchan a favor y en contra de la ecología. Tal vez sería bueno que consideraran reducir el tiempo eliminando algunas escenas finales redundantes.

Las actuaciones en general son buenas, así como la expresión corporal. En este punto, sobresale el Hada (va con “h”) de la Fortuna.

Urge cambiar al mundo de Francisco Escárcega y bajo la dirección de Blanca Méndez, es un buen espectáculo en el que la actuación de algunos profesionales y muchos escolares (con la excepción de algunos quienes vestían uniformes), da como resultado un espectáculo didáctico, divertido y de calidad.

Cats

Una vez más, la Compañía de la Escuela de Danza de México, Ollin Yoliztli, ofreció una comedia musical, en esta ocasión Cats, de T.S. Eliot, el domingo 29 de enero, en el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

Las canciones fueron interpretadas en playback, el cual sería mucho más espectacular si quienes lo realizan inspiraran como si en realidad estuviesen cantando.

En fin, mucha danza, mucha expresión corporal y sobre todo, un estupendo tema musical para tan poco argumento.


LUNES 30 DE ENERO

Aquí entre nos

Desde la histórica Delegación Azcapotzalco llega este monólogo musical, en torno a la participación de la mujer en la Revolución Mexicana.

La autora, directora y actriz no presenta a ningún personaje notable, sólo exhibe superficialmente a una revolucionaria que ríe, canta acompañada de un guitarrista y cuenta algunas anécdotas.

El monólogo no ofrece mayores datos históricos, en una delegación que abunda en Historia. Sin embargo, nos recuerda que alguna vez en México, hubo una Revolución.

Cuarteto

Del autor Heinner Muller INSHA-INICTE de la FES Aragón, presentó la obra Cuarteto, el lunes 30 de enero en el marco del XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro.

Dos actores interpretaron a varios personajes e intercambiaron roles.

El texto expone a una clase social ociosa, representada por la Marquesa de Merteuil, una obsesa sexual. Con la interpretación de Ana Isabel Alcantar a quien en general le faltó ritmo (concentración y emoción), aunque tuvo ciertos momentos logrados. Alan Montaño, que actuó principalmente el papel del Vizconde de Valmont, debe aún trabajar en la colocación de su voz; sobre todo en su dicción y concentración. Le falta continuar con su entrenamiento e hizo notable un mayor entusiasmo por el papel de la Marquesa que el del Vizconde.

Si bien Cuarteto, ofrece un reto para un buen ejercicio de actuación, nos deja la sensación de que hemos perdido nuestro tiempo, en la realidad de un país sobre el cual queda aún mucho por decir.


MARTES 31 DE ENERO

Nine

Para cerrar el XXIX Encuentro de los Amantes del Teatro, el martes 31 de enero la Compañía Mom Stage ofreció la comedia musical Nine, de Arthur Kopit y Mauri Yeston.

El conjunto lució gracias a un gran trabajo, dedicación y sus muchas ganas de estar en escena. En los diálogos, hubo uno que otro problema de fraseo; algunas canciones a veces, tenían voces apagadas, otras eran más brillantes. Valdría la pena trabajar más este aspecto.

La mejor voz fue la de Santiago Gómez, en el papel de Guido Niño, quien lució su entrenamiento.

Las coreografías no llegaban al punto de las rockets norteamericanas. Sin embargo, pueden mejorar y ser aceptables.

Mom Stage, bajo la dirección de Diego Cortés, presentó una comedia musical con contenido, una producción esmerada, así como libretos de iluminación y audio muy precisos.

La puesta en escena está sostenida por el entusiasmo y dedicación de todo el equipo artístico y técnico.